El hombre de Dios es de trabajo, con iniciativa para él y para enseñar a los demás. El Ministro es un hombre de verdad, diezma y recibe los diezmos para la Obra de Dios; por mandato bíblico. Tiene un ánimo generoso, usa armas de justicia, tiene amor sincero por las almas y está lleno del Espíritu Santo; para destruir las asechanzas del enemigo. El que hace injusticia, es maldito.