DUÉRMETE NIÑO

El burro que quería ser dinosaurio


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Había una vez un burrito llamado Benito que vivía en una tranquila granja en medio del campo. Benito era curioso y soñador, y siempre se sentía fascinado por las historias que escuchaba sobre los dinosaurios. Un día, mientras pastaba cerca de la cerca de la granja, escuchó a los humanos hablar sobre cómo los dinosaurios eran criaturas poderosas y temibles. Intrigado por estas historias, Benito comenzó a fantasear con la idea de convertirse en un dinosaurio. Pensaba que si se transformaba en uno de ellos, podría proteger a los animales de la granja y asustar a los humanos que a veces les causaban problemas. Convencido de que se le había concedido esta misión especial, Benito decidió encontrar una manera de convertirse en un dinosaurio. Investigó en los libros que encontró en la biblioteca de la granja y descubrió que los dinosaurios habían desaparecido hace millones de años. Sin embargo, no se rindió. Buscó en el bosque a un viejo búho sabio llamado Héctor, conocido por su conocimiento sobre historias y leyendas antiguas. Benito le explicó a Héctor su deseo de convertirse en un dinosaurio para proteger a los demás animales. El búho, con su voz tranquila y sabia, le explicó que cada criatura tiene su propósito y fortaleza únicos. Le recordó que los burros también eran animales fuertes y valientes, y que podía encontrar su propia forma de proteger y ayudar a los demás. Después de reflexionar sobre las palabras de Héctor, Benito decidió que aunque no pudiera convertirse en un dinosaurio, aún podía hacer una diferencia. Aprovechó su inteligencia y trabajo duro para aprender nuevas habilidades y ayudar en la granja. Era un excelente compañero de carga, transportando alimentos y agua para los animales. También se convirtió en un amigo leal y reconfortante para aquellos que necesitaban consuelo. Con el tiempo, Benito se dio cuenta de que su verdadero poder estaba en su amor y cuidado por los demás. Inspiró a los demás animales de la granja a trabajar juntos, formando una comunidad unida y solidaria. Juntos, pudieron superar los desafíos y protegerse mutuamente de cualquier amenaza externa. Los humanos de la granja también notaron la valentía y el espíritu protector de Benito. Comenzaron a tratar a los animales con más respeto y cuidado, reconociendo su importancia en el equilibrio de la granja. Benito se convirtió en un símbolo de esperanza y unidad, demostrando que cada criatura, sin importar su forma, tiene un papel valioso en el mundo. Y así, el burrito Benito descubrió que no necesitaba convertirse en un dinosaurio para hacer una diferencia. Su fuerza y coraje radicaban en su capacidad para amar y proteger a los demás, sin importar su tamaño o forma. Su legado vivió en la granja como un recordatorio de que todos tenemos el poder de marcar la diferencia y que cada ser es valioso en su propio camino. Autor José pardal

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DUÉRMETE NIÑOBy historias de animales