Recogióse un rato a estudiar herejías y necedades para los ciegos. Entre
tanto, se hizo hora de comer; comimos, y luego pidióme que le leyese la
premática. Yo, por no haber otra cosa que hacer, la saqué y se la leí. La
cual pongo aquí, por haberme parecido aguda y conveniente a lo que se
quiso reprehender en ella. Decía en este tenor:
Premática del desengaño contra
los poetas güeros, chirles y hebenes