Al fin, yo fui, llegada la noche, a dormir a la sala de los linajes.
Diéronme mi camilla. Era de ver algunos dormir envainados, sin
quitarse nada; otros, desnudarse de un golpe todo cuanto traían
encima como culebras; cuáles jugaban. Y, al fin, cerrados, se
mató la luz. Olvidamos todos los grillos. Era de ver a los que no
tenían cama llegar y asir de los pies al acostado y sacarlo arras-
trando en medio de la sala y encajarse en la cama, y aquél asir de
otro para acomodarse.