Yo tomé mi camino para Madrid y él se despidió de mí por ir diferente
jornada. Y ya que estaba apartado, volvió con gran prisa, y llamándome a
voces, estando en el campo donde no nos oía nadie, me dijo al oído:
-Por vida de V. Md., que no diga nada de todos los altísimos secretos
que le he comunicado en materia de destreza, y guárdelo para sí, pues
tiene buen entendimiento.
Yo le prometí de hacerlo, tornóse a partir de mí, y yo empecé a reírme
del secreto tan gracioso.