Con este poema, el maestro de poetas Federico rindió homenaje a uno de los majares más exquisitos que se pueden degustar y de paso a el animal que lo elabora, a las flores de la primavera que en colaboración con las abejas permiten que estas hagan con su polen la obra mas bonita y dulce que existe en el mundo.
Como bien dice el maestro, la miel equivale a todas las bellezas y es dulce como los ojos de un niño, el vientre de las hembras o las sombras de la noche.