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De niños corríamos a la recámara de nuestros padres a escondernos ante los truenos de la tormenta. Allí nos sentíamos seguros.
La tormenta no menguaba, la lluvia seguía cayendo, el viento azotaba las ventanas y los truenos tenían la misma intensidad, pero estábamos
tranquilos por estar en la presencia de nuestros padres. Nada había cambiado afuera, pero todo había cambiado dentro de nosotros.
La diferencia es la presencia.
By Roberto Tinoco5
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De niños corríamos a la recámara de nuestros padres a escondernos ante los truenos de la tormenta. Allí nos sentíamos seguros.
La tormenta no menguaba, la lluvia seguía cayendo, el viento azotaba las ventanas y los truenos tenían la misma intensidad, pero estábamos
tranquilos por estar en la presencia de nuestros padres. Nada había cambiado afuera, pero todo había cambiado dentro de nosotros.
La diferencia es la presencia.