Con ese aire de gravedad que da la emoción el doctor Adán Cal-zada se levantó de su silla y enfiló rumbo al banquillo de confesiones. A su paso quitó a un colega su copa de vino y la apuró de un sorbo para después exclamar con ironía:
Con ese aire de gravedad que da la emoción el doctor Adán Cal-zada se levantó de su silla y enfiló rumbo al banquillo de confesiones. A su paso quitó a un colega su copa de vino y la apuró de un sorbo para después exclamar con ironía: