Por Pablo Callejón
La última vez que el comisario Gustavo Oyarzábal ingresó a una audiencia en Tribunales lo hizo esposado, con una fuerte custodia policial, aunque solo debía declarar como testigo. Fue el 12 de febrero del 2020. El ex jefe de Investigaciones de la Unidad Departamental defendió su acusación sobre Sergio Medina, el albañil de Las Albahacas condenado por el crimen de la comerciante de Claudia Muñóz. Dos años después, Oyarzábal volverá a sentarse frente al Tribunal, aunque esta vez será como imputado de encubrimiento por favorecimiento personal agravado. La Justicia sospecha que ayudó al clan familiar de los Vargas Parra en su intento por ocultar la responsabilidad en la desaparición de Nicolás Sabena. El jefe policial tenía muy aceitado el modo en el que protegía a sus vínculos en el hampa. El 30 de octubre del año pasado, fue condenado a cuatro años y diez meses de cárcel por ser partícipe necesario de la organización narco que habría liderado el “zar de las drogas”, Claudio Torres. Oyarzábal siempre jugó a dos puntas. El día que acribillaron a Torres frente a su casa en barrio Fénix, el uniformado estuvo a cargo de las primeras horas de la investigación. A los pocos días fue detenido. La Justicia Federal logró probar la protección que el acusado brindaba a las operaciones delictivas....