Hay leyes morales desde el Antiguo Testamento, que se reiteran en el Nuevo Testamento por Jesús y los Apóstoles; para ser cumplidas hasta hoy. Todo creyente es llamado a ser santo: separado de todo lo vil, sucio y pecaminoso; Cristo es su Salvador, su fortaleza y su ayuda. Estamos llamados a vencer al diablo; aunque viviendo en este mundo pasajero: como ovejas, en medio de lobos.