Si las personas viven violando la Ley de Dios, no puede haber paz en las naciones. Toda autoridad que obra con injusticia e inmoralidad, trae maldición a la nación. La Palabra de Dios dice que debemos embriagarnos, pero del Espíritu Santo. Si en los países se aplicaría la Ley de Dios, sus habitantes serían felices. Nuestra familia de la fe sólo es la que guarda la Palabra de Dios.