-El conde es muy sobrio. Mercedes se sonrió tristemente.
-Acercaos a él, y a la primera bandeja que pa¬se, insistid.
-¿Por qué motivo, madre mía?
-Hacedme ese favor, Alberto -dijo Mercedes. Alberto besó la mano de su madre y fue a co¬locarse junto al conde.
Pasó otra bandeja cargada como las preceden¬tes: Alberto insistió aún, tomó un helado y se lo presentó, pero rehusó obstinadamente.
Alberto volvió al lado de su madre; la conde¬sa estaba muy pálida.