Nadie ha contado aún mi caja, caballero -dijo orgullosamente el banquero.
-Entonces -dijo Montecristo con frialdad-, pa¬rece que seré yo el primero.
-¿Quién os lo ha dicho?
-Las explicaciones que me pedís, caballero, y que se parecen mucho a indecisiones.
Danglars se mordió los labios; era la segunda vez que le vencía aquel hombre y en un terreno que era el suyo. Su política irónica era afectada y casi rayaba en impertinencia.
Montecristo, al contrario, se sonreía con gra¬cia, y observaba silenciosamente el despecho del banquero.
-En fin -dijo Danglars después de una pausa-, voy a ver si me hago comprender suplicándoos
que vos mismo fijéis la suma que queréis que se os entregue.