Marcel Petiot no era el típico asesino desorganizado. Era un hombre de inteligencia superior, médico de profesión y veterano de la Primera Guerra Mundial. Su capacidad para la compartimentación psicológica le permitió mantener una vida de respetabilidad como alcalde y médico querido, mientras desarrollaba un sistema industrial de exterminio en la sombra. Su patología se define por una ausencia total de empatía y un narcisismo que lo llevaba a creerse superior a las leyes humanas.