Dios no condena al rico, tampoco al dinero, para Dios le es igual el rico al pobre, lo significativo es donde priman sus intereses y a donde están puestos sus ojos.
Dios no condena al rico, tampoco al dinero, para Dios le es igual el rico al pobre, lo significativo es donde priman sus intereses y a donde están puestos sus ojos.