Quieres avanzar, pero huyes del dolor como si fuera tu enemigo, cuando en realidad es el filtro que separa a los que crecen de los que se quedan igual. El dolor no está ahí para destruirte, está ahí para probarte, para obligarte a evolucionar, para empujarte fuera de esa zona cómoda donde nada cambia. Pero tú decides evitarlo, posponerlo, ignorarlo… y así también evitas tu propio crecimiento.