El 10 de Septiembre de 1997, en un contenedor a la altura del número 37 de la madrileña calle Gallur, un vecino se topó con el cadáver descuartizado y metido en bolsas de un hombre con unos extraños tatuajes, el del "alacrán" ( o escorpión) negro, típico de los narcotraficantes latinoamericanos de la época y un pentáculo esotérico de tipo satánico. Desde entonces hasta ahora, no ha sido posible la identificación del cuerpo, este es la historia del cadáver tatuado de la calle Gallur en: víctimas del misterio.