Una de las tristes ironías de vivir en los últimos días es que podemos descuidar de nuestra preparación para el último día y podamos y podemos enfriarnos respecto a ser activos en vivir nuestra vida cristiana. Nuestro Señor, que nos compró a un precio, nos mantiene listos para su regreso y nos hace activos en servicio con su parábola de las ovejas y las cabras donde nos encuentra como un juez, un rey y un prójimo.