En los salones de Matanzas de 1879, bajo el eco de una flauta de travesero y el repique seco de las pailas, nació un paso que no solo marcaría el compás cubano, sino que escribiría una página indeleble de la identidad nacional. Más que un género musical o una coreografía, el danzón es un archivo vivo de encuentros, negociaciones culturales y elegancia.