Sin darnos cuentas, asumimos un poder en nuestras vidas que no nos corresponde. Por momentos pensamos que somos invencibles, que todo lo podemos y que todo está bajo control, pero basta que una sola cosa se salga de control para darnos cuenta de que somo imperfectos y limitados, y pronto nos encontramos viviendo en un desorden que nos provoca inquietud, confusión e inseguridad. Y si dejamos que Jesús reine en nuestra vidas? Y si le devolvemos su lugar? Y si dejamos que quien es todopoderoso se encargue de ordenar nuestra vidas?