
Sign up to save your podcasts
Or


Hay cosas de ti que has intentado cambiar durante años.
Tu forma de pensar.
Tu sensibilidad.
Tu dificultad para sostener ciertas cosas que a otros les parecen “normales”.
Y en algún punto terminaste creyendo que el problema eras tú.
Que eras inconstante.
Que procrastinabas.
Que no tenías suficiente disciplina.
Pero… ¿y si no era eso?
Hay formas de funcionar que no encajan en lo que el mundo espera.
Formas de sentir, de procesar, de habitar el cuerpo… que no son error, pero sí se viven como tal cuando no tienen nombre.
Durante mucho tiempo, todo eso puede sentirse como desorden, como incoherencia, como algo que hay que corregir.
Hasta que algo hace sentido.
Y no necesariamente cambia lo que eres…
pero cambia completamente la forma en la que te miras.
En el episodio de esta semana de De la herida a la luz hablo de algo que llegó tarde, pero que reordenó todo: entender que mi cerebro no funciona como el de la mayoría.
Y lo que parecía un problema… empezó a verse distinto.
By Ana Maria GallegoHay cosas de ti que has intentado cambiar durante años.
Tu forma de pensar.
Tu sensibilidad.
Tu dificultad para sostener ciertas cosas que a otros les parecen “normales”.
Y en algún punto terminaste creyendo que el problema eras tú.
Que eras inconstante.
Que procrastinabas.
Que no tenías suficiente disciplina.
Pero… ¿y si no era eso?
Hay formas de funcionar que no encajan en lo que el mundo espera.
Formas de sentir, de procesar, de habitar el cuerpo… que no son error, pero sí se viven como tal cuando no tienen nombre.
Durante mucho tiempo, todo eso puede sentirse como desorden, como incoherencia, como algo que hay que corregir.
Hasta que algo hace sentido.
Y no necesariamente cambia lo que eres…
pero cambia completamente la forma en la que te miras.
En el episodio de esta semana de De la herida a la luz hablo de algo que llegó tarde, pero que reordenó todo: entender que mi cerebro no funciona como el de la mayoría.
Y lo que parecía un problema… empezó a verse distinto.