Desde su infancia en Auxerre, Petiot mostró una desconexión emocional total. Su paso por la Primera Guerra Mundial le permitió obtener conocimientos médicos y acceso a drogas, pero también le dejó un diagnóstico de inestabilidad mental que el sistema ignoró. Bajo una fachada de médico caritativo en el pueblo de Villeneuve, comenzó sus primeros crímenes y experimentos con el poder político y social.