La saga de los Argenis llegó a su conclusión definitiva en un acantilado de Normandía. Padre e hijo caminaron juntos hacia el borde, donde el viento soplaba con la misma intensidad que en los bosques de su origen. Argenis padre sacó de su abrigo el último recuerdo de su vida anterior: un pequeño visor de mano, rayado y antiguo. Lo lanzó al mar, viendo cómo desaparecía entre las olas blancas. "Ya no necesito ver lejos", susurró el viejo. El joven lo tomó del brazo, ayudándolo a caminar de regreso hacia el coche.