¿Acaso el Creador de todo necesita de nuestro dinero? ¿Podemos nosotros impresionarlo a Él de alguna manera? ¿No es Él dueño de todo?
El Señor no se complace en la cantidad de lo que damos, de lo que hacemos sino en ver que lo mínimo que demos o hagamos esté lleno de amor hacia Él.