Nuestra necesidad de reconocimiento se transforma en un personaje idealizado que quisiéramos ver reflejado en el espejo. El otro yo que quisiera ser. El otro yo que a veces lo rechazamos ante la evidencia de baja autoestima y necesidad de aceptación.
El espejo ha sido un objeto que ha transformado la realidad en una fantasía palpable, alimentada con idealismos, temor, anhelos. Misterio de mundo paralelos, a veces oscuros, otros como edenes que esperan ser descubiertos.
También es el reflejo de la salud física, emocional y mental.
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