Hay historias que la historia oficial decide olvidar. Esta es una de ellas.
Jaume Mir Mas era un catalán corriente: emigró a Bélgica vendiendo frutas y verduras. Pero cuando los alemanes ocuparon el país en 1914, tomó una decisión que lo cambió todo.
Organizó una red clandestina de espionaje al servicio de los aliados. Cruzó fronteras con documentos ocultos. Proporcionó información que salvó vidas en el frente. Y cuando lo detuvieron y lo torturaron, no habló. No dio un solo nombre.