Dios nos creó para ser un poderoso ejército para Él y su Reino. Acá somos carne y hueso; pero saldremos de esta condición material y un día, en la patria celestial: seremos transformados como ángeles, con un poder extraordinario. Pero mientras estemos aquí en la Tierra, en obediencia al Señor; Él nos dará una investidura de poder, para enfrentar a Satanás y sus huestes de maldad.