Los pecados capitales te pueden condenar al infierno por toda la eternidad, pero la lujuria es demasiado potente como para huir de ella. Sin embargo desde la antigua Grecia hasta nuestros días siempre ha habido historias y personas dedicadas a rebajar nuestros instintos primarios.
Os contamos, con la ayuda de Casero, Grasias y Bearoid, historias lujuriosas.