Club de lectura
El gato bajo la lluvia: una poética de los aguaceros
En el cuento de Ernest Hemingway, “El gato bajo la lluvia”, el aguacero condiciona y encierra a los personajes protagonistas en una habitación de un hotel. ¿Te acuerdas cuando la tempestad te fastidió aquel fantástico plan? Pues ahí la tenemos: voluntariosa y determinante para cualquier narrativa.
Y cuando dos personas ya no se quieren, cuando el amor que alguna vez sintieron se ha derrumbado, la realidad se anticipa en forma de metáforas e indicios. Se adelanta el mundo con su despliegue simbólico cuando esos dos enamorados todavía no han puesto palabras a lo que les sucede. El lenguaje verbal es más lento que las tormentas y los gatos. Y, por eso, en ese cuento de profunda melancolía, la protagonista se encapricha de un gato misterioso que es en realidad su deseo. Y el animal permanece allá, afuera, como una posibilidad, mientras llueve incansablemente y sobre el corazón del personaje no se despeja la suciedad de una mancha antigua.
Dos personajes que hablen lo justo, que manifiesten su desesperanza con un lenguaje árido y breve. La sintaxis corta y el vacío inmenso. El deseo será un ser ligero y misterioso, siempre lejano y aparentemente inaccesible. Y en el cuento estará la seguridad de que la lluvia termina y las manos del protagonista acariciarán al felino.