Jesús por María se suele decir para hablar de que Ella nos lleva
siempre a su Hijo. Hoy, después de celebrar ayer el Sacratísimo
Corazón de Jesús, conmemoramos el Inmaculado Corazón de María.
San Lucas se fija en la Adoración de los pastores en Belén cuando
recuerda que “María conservaba todas estas cosas guardándolas en
su Corazón”.
También en la Infancia del Niño Jesús, Simeón le
habla de “una espada que le atravesará el alma”. Desde
los primeros siglos muchos Santos mencionarán esta Devoción
Mariana. San Ireneo de Lyón refleja su condición de “Nueva Eva”
ya que Eva le engendró a Ella como una rosa.
El propio San Ambrosio
de Milán “habla de las excelencias de la Fe de María que medita
todo en su interior”. San Agustín menciona la Fe que María
recibe”. Por su parte, San Bernardo de Claraval en la Edad Media
contempla mucho el sufrimiento en el Corazón de María durante la
Pasión del Señor. El primer Patriarca de Venecia, San Lorenzo
Justiniano, fue un ferviente difusor de la Devoción.
San
Juan Eudes recogería el testigo siglos más tarde. En 1859 el Padre
Claret fundó la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado
Corazón de María.
Y en 1917 la Virgen se apareció a los hermanos Jacinta y Francisco y
a su prima Lucía.
En el transcurso de las apariciones les pidió
oraciones y compasión por su Corazón lleno de oprobios. Para
evitar las guerras y tensiones la Señora del Cielo les pide que
escriban al Papa para consagrar Rusia a su Corazón. Pío XII
instaura en el año 1944 la festividad del Inmaculado Corazón de María.