Hoy viajamos a través del Tiempo del Espejo de la mano y voz del escritor Gilberto Dacosta para sumergirnos en las páginas de "El Libro de Arena", de Jorge Luis Borges.
Prólogo y voz – Gilberto Dacosta (@GilbertoDC2004)
Vendedor de libros – El Corintio (@LaGuardiaCuervo)
Epílogo final – “El Tango”, con la voz del propio J.L. Borges
Nada o casi nada puede decirse de Jorge Francisco Isidoro Luis Borges que no se haya dicho ya. Que nació en Buenos Aires, Argentina el 24 de agosto de 1899. Que fue un escritor de cuentos, ensayos y poemas, considerado una figura clave tanto para la literatura en habla hispana como para la literatura universal. Que Sus dos libros más conocidos, Ficciones y El Aleph, publicados en los años cuarenta, son recopilaciones de cuentos entrelazados por temas comunes, sueños, laberintos, bibliotecas, espejos... que profundizan en los grandes conceptos filosóficos universales: el conocimiento, el tiempo, el espacio y la metaficción. Las obras de Borges han contribuido ampliamente a la literatura filosófica, al género fantástico y al posestructuralismo, eso es algo innegable al igual que el hecho de que el comienzo del realismo mágico en la literatura hispanoamericana del siglo XX se debe en gran parte a su obra, como lo refieren muchos críticos.
Hablar de Borges es leer sus relatos que nos llevan a otras obras y a otras...y perdidos en ellas podemos así escuchar las risas de Macedonio Fernández a lo lejos entre los juegos de unos niños en un puerto de Barcelona, el amor juvenil de Concepción Guerrero, Sevilla y Madrid unidos en el café Colonial, con los sueños de Mallarmé, Apollinaire, Tzara en el ambiente y los versos de Guillermo de Torre en sus paredes.
Pensar en Borges es recordar y revivir una y otra vez sus sueños y así convertirnos en espectadores de una mente qu es capaz de unir lo real con lo abstracto y dar vida en sus relatos, logrando que no sepamos si somos soñadores o soñados, porque su maestría logra fundir el tiempo, con el recuerdo, la verdad y la distancia.
Cuando leo a Borges escucho el latir del tiempo dentro de mí y acabo perdida entre las constantes dunas que me llevan de un relato a otro, sintiendo que su obra nunca acaba, que sus relatos me encierran, uno tras otro, en el concepto mismo de las palabras y me liberan en un extraño antojo de cántico mágico que retumba en mi interior y atraviesa mi mente. Sus relatos son un eco que continúa en mi memoria y no deja de perseguirme aún cuando cierro los ojos. Me convierte irremediablemente en discurso, en un batir de alas dentro del devenir alzándome como otro personaje más de su universo...al igual que todos los que entramos en él...al igual que tú ahora.
Os dejamos para finalizar este programa con dos joyas de una corona de espinas, la primera de ellas demoledora:
“Desvarío empobrecedor el de querer escribir novelas, el de querer explayar en quinientas páginas algo que se puede formular en una sola frase”.
La segunda, una de las más desconocidas, su obra poética:
“El enamorado”
Lunas, marfiles, instrumentos, rosas,
lámparas y la línea de Durero,
las nueve cifras y el cambiante cero,
debo fingir que existen esas cosas.
Debo fingir que en el pasado fueron
Persépolis y Roma y que una arena
sutil midió la suerte de la almena
que los siglos de hierro deshicieron.
Debo fingir las armas y la pira
de la epopeya y los pesados mares
que roen de la tierra los pilares.
Debo fingir que hay otros. Es mentira.
Sólo tú eres. Tú, mi desventura
y mi ventura, inagotable y pura.