Marcos 8:27-30 (La Palabra) Jesús y sus discípulos se fueron a las aldeas de Cesarea de Filipo. Por el camino les preguntó: — ¿Quién dice la gente que soy yo? Ellos contestaron: — Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías, y otros, que alguno de los profetas. Jesús volvió a preguntarles: — Y ustedes, ¿quién dicen que soy? Entonces Pedro declaró: — ¡Tú eres el Mesías! Pero Jesús les mandó que no hablaran a nadie sobre él. PENSAR: Justo a la mitad del Evangelio de Marcos se encuentra esta pregunta sobre la identidad de Jesús, la respuesta de Pedro, con toda certeza, y la advertencia del Señor Jesús de guardar el secreto. Este “secreto mesiánico” es muy importante en el libro de Marcos. Ya hemos observado que el tema central es la identidad de Jesús como el Hijo de Dios. Pero también hemos visto que Jesús insistía en mantener esa identidad en secreto. Y nos preguntamos, ¿por qué? El Señor Jesús no quería ser identificado como un Mesías sin cruz. La identificación de Jesús como el Mesías debía ser muy precisa. La especie de Mesías que es Jesús no concuerda con lo que espera la gente. La gente no tiene presente que el Mesías ha de ser crucificado. Para ellos, el Mesías no debiera ir a la cruz. Pero Jesús quiere ser identificado como Mesías, precisamente en la cruz. La identidad es crucial en Marcos. No sólo la identidad de Jesús, sino también la de toda persona que sigue a Jesús, y el papel que juega la cruz en esa identidad. Este episodio ocurrió cerca de una ciudad llamada Cesarea de Filipo. Esto es muy importante, porque se trata de la ciudad donde residía el poder político del imperio romano. Había sido fundada en el tiempo de la dominación griega y luego fue retomada como la capital administrativa de la provincia romana de Palestina. La capital no era Jerusalén, sino Cesarea. Ahí es donde estaba el palacio del gobernador. De manera que nos podemos imaginar qué pasa por la mente de los discípulos, que van siguiendo a Jesús hasta Cesarea, la ciudad del poder del imperio extranjero. La imaginación de los discípulos se pone en funcionamiento para poner a Jesús como un Mesías militar que expulse a los romanos del territorio. Por eso tiene mucho sentido hablar de la identidad mesiánica de Jesús justamente ahí. Pero Jesús es un Mesías muy diferente. Su mensaje no contiene el odio hacia el enemigo, y el reino de este Mesías no está fundado en la violencia, la muerte y la espada. Sus armas son las armas de la paz: el perdón, la compasión, el evangelio de reconciliación con Dios. ORAR: Señor, ayúdanos a entender el enorme poder de tu amor, incluso hacia quienes percibimos como enemigos. Enséñanos el poder demostrado en la cruz. Amén. IR: Vale la pena seguir sembrando con lágrimas, porque vamos a volver con gozo, recogiendo gavillas llenas de vida en abundancia.