Chapu analiza con calma —y con una indignación muy medida— lo ocurrido tras el accidente ferroviario en Córdoba, poniendo el foco no solo en el siniestro, sino en la reacción política, mediática y comunicativa posterior.
El punto de partida es una crítica directa a la idea de “no politizar la tragedia”, cuando en realidad —señala Chapu— esa consigna se utiliza para blindar responsabilidades. La tragedia se convierte así en un espacio neutral solo en apariencia, mientras se activa un relato destinado a ganar tiempo, desacreditar preguntas legítimas y diluir el foco antes de que aparezcan conclusiones incómodas.
Chapu explica por qué muchos ciudadanos están enfadados: no solo por el accidente en sí, sino porque había advertencias previas, quejas de maquinistas, usuarios y expertos, y una experiencia cotidiana de deterioro del servicio ferroviario que fue sistemáticamente negada. Cuando se preguntaba, la respuesta era siempre la misma: “España funciona bastante bien”.
En ese contexto aparece la figura de Óscar Puente, criticado por su gestión comunicativa, el uso del bloqueo en redes sociales y la priorización del enfrentamiento ideológico frente a la rendición de cuentas. Chapu se pregunta cómo puede gestionarse una crisis de seguridad pública cuando media España está bloqueada por el propio ministro responsable.
El análisis incluye también referencias a Antón Losada y al uso del concepto de bulos como arma retórica: se advierte contra una estrategia que no consiste en desmentir hechos concretos, sino en sembrar la idea de que nada es fiable, desactivando así cualquier información que apunte a responsabilidades reales.
La crítica se amplía al clima general de poder, con menciones a Pedro Sánchez y a una forma de gobernar basada en el manual de resistencia, la dosificación del tiempo y la esperanza de que el interés informativo decaiga antes de que se llegue al fondo del asunto.
El vídeo concluye con una idea clara y muy Chapu:
no pedir responsabilidades no es neutralidad, es una forma de tomar partido.
Y cuando lo que está en juego es la seguridad de miles de personas, el relato no puede ir por delante de la gestión.