El autor, en este poema recuerda los tiempos en que, durante su juventud, en su pueblo de origen, viva las tarde serenas del mes de abril, añorando las fiestas de la primavera con sus ferias, sus mujeres ataviadas con los vistos trajes de lunares, conocidos como “de gitanas”, las casetas, los bailes por sevillanas y otros palos del rico folclore andaluz, la tradicional Semana Santa con sus procesiones y costaleros.
De forma muy expresa, se refiere a la procesión de la Aurora, que se celebra en su pueblo – La Malahá- el Domingo de Resurrección en conmemoración de la resurrección de Cristo.
Y termina lamentando que como consecuencia de los penosos acontecimientos que se están produciendo en estos aciagos días, no puedan llevarse a cabo os actos que tan excelentes recuerdo conserva en su memoria.