Somos vidas transformadas y competentes para enfrentar cualquier situación, por la obra de Dios; a través de su Hijo Jesucristo. Por eso, tenemos que exaltar a Jesucristo. El Padre nos reconcilió consigo mismo. Todo el que está en una religión, pero está en pecado: está muerto espiritualmente. El pecado en el hombre creó una separación con Dios y era necesaria una reconciliación.