El Señor nos salvó para tratar de reconciliar a los hombres con Dios: hablarles de su Palabra. La Iglesia, que es el cuerpo de Cristo; tiene la gran responsabilidad de predicar el evangelio y de hablarles a otros: lo que Dios ha hecho por nosotros y con nosotros. El que pertenece a la familia de Cristo, tiene que cumplir este ministerio de la reconciliación con todas las personas.