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Or


Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto
cielo.
A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida
humana.
Y dijo que somos un mar de fueguitos.
—El mundo es eso —reveló—. Un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.
No hay dos fuegos iguales.
By Adriana GallardoUn hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto
cielo.
A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida
humana.
Y dijo que somos un mar de fueguitos.
—El mundo es eso —reveló—. Un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.
No hay dos fuegos iguales.