Hallar gracia ante los ojos de Dios nos lleva a reconocer las instancias en las que hemos fallado y en las que necesitamos sanar. Cuando estamos frente a la luz de Dios nos damos cuenta de nuestra oscuridad y áreas que necesitamos trabajar. No siempre nos sentimos capaces de tomar acciones y tener la iniciativa de pedir perdón. Pero es bueno saber que cuando lo reconocemos y le pedimos a Dios que nos ayude, Él nos prepara para esos encuentros de reconciliación.