A Dios le gusta usar a los débiles. Todos tenemos defectos e imperfecciones físicas, emocionales, intelectuales y espirituales. Cuando lo negamos, defendemos, excusamos u ocultamos, y le impedimos a Dios usarlas cómo Él quiere.
A Dios le gusta usar a los débiles. Todos tenemos defectos e imperfecciones físicas, emocionales, intelectuales y espirituales. Cuando lo negamos, defendemos, excusamos u ocultamos, y le impedimos a Dios usarlas cómo Él quiere.