Con mucha frecuencia pensamos que el día que auspiciemos a alguien que se construirá un negocio a diamante, habrá fanfarrias, los arcángeles tocarán las trompetas y una luz de entre las nubes iluminará la cabeza de esa persona diciendo con voz celestial: "El llegará a diamante; apoyadlo". Por desgracia, no será así sino será un proceso totalmente sencillo e idéntico a miles de otros auspicios. De eso se trata el juego, de que no sabemos dónde están los líderes que harán esto grande...por eso, no podemos menospreciar el poder de las pequeñas grandes acciones.