Aunque en el judaísmo y en el islam no se considera que el demonio sea el enemigo de dios, si admiten que ese espiritu maligno procura que los hombres incumplan sus mandatos, que no ajusten su comportamiento a la voluntad divina, lo que en poco, o en nada, establece diferencia alguna con la concepción que del demonio tiene el cristianismo, que lo considera enemigo declarado de Dios.