Por Pablo Callejón
En los pasillos del Centro de Salud se referían a Ignacio Martín como “el pollo de Almada”. Tenía las llaves de la unidad móvil sanitaria de la Provincia y la manejaba a su antojo. A los presuntos 24 años era uno de los integrantes de la mesa chica del COE y mostraba una especial predisposición en cualquier horario. Martín no era un hombre de excusas, ni siquiera después de largas jornadas de batalla de campo contra el Covid. Hablaba como un médico, incluso durante las charlas de descanso, cuando abandonaba la oficina que habían preparado especialmente para él. En uno de esos breves momentos de distensión acompañados de café, Martín le confió a otro especialista que estaba trabajando como residente en el área de cirugía del Hospital Córdoba. La conversación duró algunos minutos más, pero el dato no pasó desapercibido. El trabajador de la salud se comunicó unos días después con algunos colegas del nosocomio cordobés y les comentó sobre la joven promesa del COE. Ninguno de los cirujanos recordaba haberlo visto alguna vez. Solo para calmar su curiosidad, el médico le informó a la responsable de los S24 sobre la charla y la información llegó a manos del secretario de Salud Marcelo Ferrario. Martín estaba a solo un paso de .....