“He aquí un trono erigido en el Cielo,. Delante del trono, un mar transparente, como de cristal” (Apocalipsis 4, 2-6)
Vi un inmenso mar de cristal ardiendo, muy pacífico y de una profundidad insondable. Este mar se comunicaba con la Santa Iglesia vivificándola. Borraba y destruía en su fuego toda impureza.