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MicroHobby no fue solo una revista de videojuegos. Fue una puerta de entrada a la informática doméstica en España. Nacida en 1984 bajo el sello de HobbyPress, se convirtió en una publicación imprescindible para los usuarios del Sinclair ZX Spectrum, aquel pequeño ordenador de teclas de goma que metió la programación, los píxeles y los pitidos electrónicos en miles de casas.
Durante años, MicroHobby ofreció trucos, listados de código, análisis de juegos, consejos técnicos y una sensación muy poderosa: la idea de que cualquiera podía crear algo con un ordenador. No hacía falta tener un gran laboratorio ni una empresa detrás. Bastaba con un Spectrum, una televisión, una cinta de casete y muchas ganas de pelearse con el BASIC hasta las tantas de la noche.
Pero el mundo cambió. A finales de los 80 y principios de los 90, las consolas y los sistemas de 16 bits empezaron a desplazar al viejo Spectrum. La informática doméstica dejó paso a máquinas más potentes, más visuales y más comerciales. En enero de 1992, MicroHobby se despidió, cerrando una etapa dorada para toda una generación de jugadores, programadores y curiosos.
Décadas después, el cierre de Micromanía en 2024 pareció confirmar algo doloroso: la prensa impresa de videojuegos estaba desapareciendo como desaparecen las viejas cintas de casete, poco a poco, con ruido de fondo y nostalgia.
Pero aquí viene el giro bonito de la historia: MicroHobby volvió.
En 2025, de la mano de Hecho con Pixels, la revista resucitó retomando su numeración original con el número 218. No como una copia congelada en el pasado, sino como una nueva etapa pensada para la comunidad retro actual. Con impresión bajo demanda, contenidos renovados y mucho respeto por el legado original, MicroHobby regresó como si alguien hubiera escrito RUN después de más de treinta años de silencio.
Esta historia no habla solo de una revista. Habla de una época en la que aprender informática era casi una aventura artesanal. De chavales copiando líneas de código durante horas. De pantallas de carga imposibles. De errores, paciencia y descubrimiento.
MicroHobby fue escuela, refugio y chispa creativa. Y su regreso demuestra que algunas cosas no desaparecen del todo. Solo esperan, guardadas en la memoria, hasta que alguien vuelve a pulsar una tecla.
By Sam MikelMicroHobby no fue solo una revista de videojuegos. Fue una puerta de entrada a la informática doméstica en España. Nacida en 1984 bajo el sello de HobbyPress, se convirtió en una publicación imprescindible para los usuarios del Sinclair ZX Spectrum, aquel pequeño ordenador de teclas de goma que metió la programación, los píxeles y los pitidos electrónicos en miles de casas.
Durante años, MicroHobby ofreció trucos, listados de código, análisis de juegos, consejos técnicos y una sensación muy poderosa: la idea de que cualquiera podía crear algo con un ordenador. No hacía falta tener un gran laboratorio ni una empresa detrás. Bastaba con un Spectrum, una televisión, una cinta de casete y muchas ganas de pelearse con el BASIC hasta las tantas de la noche.
Pero el mundo cambió. A finales de los 80 y principios de los 90, las consolas y los sistemas de 16 bits empezaron a desplazar al viejo Spectrum. La informática doméstica dejó paso a máquinas más potentes, más visuales y más comerciales. En enero de 1992, MicroHobby se despidió, cerrando una etapa dorada para toda una generación de jugadores, programadores y curiosos.
Décadas después, el cierre de Micromanía en 2024 pareció confirmar algo doloroso: la prensa impresa de videojuegos estaba desapareciendo como desaparecen las viejas cintas de casete, poco a poco, con ruido de fondo y nostalgia.
Pero aquí viene el giro bonito de la historia: MicroHobby volvió.
En 2025, de la mano de Hecho con Pixels, la revista resucitó retomando su numeración original con el número 218. No como una copia congelada en el pasado, sino como una nueva etapa pensada para la comunidad retro actual. Con impresión bajo demanda, contenidos renovados y mucho respeto por el legado original, MicroHobby regresó como si alguien hubiera escrito RUN después de más de treinta años de silencio.
Esta historia no habla solo de una revista. Habla de una época en la que aprender informática era casi una aventura artesanal. De chavales copiando líneas de código durante horas. De pantallas de carga imposibles. De errores, paciencia y descubrimiento.
MicroHobby fue escuela, refugio y chispa creativa. Y su regreso demuestra que algunas cosas no desaparecen del todo. Solo esperan, guardadas en la memoria, hasta que alguien vuelve a pulsar una tecla.