Porque la vida no se trata de evitar a los gigantes. Se trata de saber que, cuando aparecen, tú ya fuiste entrenado en la soledad para derribarlos. Dios no busca voluntarios emocionados. Busca discípulos que hayan aprendido a ser fieles en el día a día. “Deja de esperar a que el gigante se vaya. Empieza a caminar hacia él.”