El Evangelio no se trata simplemente de aceptar con nuestra mente verdades evidentes (aunque sí es necesario esto), sino de que los ídolos de nuestro corazón sean quitados.
El Evangelio no se trata simplemente de aceptar con nuestra mente verdades evidentes (aunque sí es necesario esto), sino de que los ídolos de nuestro corazón sean quitados.