Tras diecisiete días de lluvia incesante, la represa de San Lorenzo —debilitada por materiales de construcción de mala calidad y corrupción administrativa— cede en la madrugada. Una ola de lodo y escombros de 15 metros de altura arrasa con el barrio bajo y el centro del pueblo. Miles de personas son sorprendidas mientras duermen; el caos es total ante la falta de alarmas y planes de evacuación.