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Lee Hebreos 9:11–28
Durante la última cena, Jesús les dijo a los discípulos que se iba (Juan 13:36–37). Cuando Simón Pedro le preguntó a dónde iba el Señor, Jesús respondió indirectamente: “Adonde yo voy, no puedes seguirme ahora, pero me seguirás más tarde”. Más tarde, Jesús les dijo “me voy a prepararles un lugar” y “volveré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté” (Juan 14:3 NBV). Sus palabras les parecieron misteriosas en ese entonces y pueden seguir siendo confusas para nosotros hoy.
En Hebreos 9, aprendemos que Jesús no preparó un lugar para nosotros trabajando con ladrillos y cemento o incluso oro y perlas. Jesús pasó por “el santuario más excelente y perfecto”, que no es parte de esta creación y no fue hecho por manos humanas (v. 11). Fue a presentar la ofrenda que haría posible que lo siguiéramos. Esa ofrenda no consistía en sangre de toros y machos cabríos, sino “la sangre de Cristo, quien por medio del Espíritu eterno se ofreció sin mancha a Dios” (v. 14). Esta era la verdadera ofrenda a la que apuntaban todos los sacrificios de la ley de Moisés (vv. 18–22).
La ley mosaica ofrecía sólo un alivio temporal del pecado, proporcionando una solución externa y ceremonial (v. 13). Cuando Jesús entró en el verdadero tabernáculo, obtuvo “rescate eterno” para nosotros (v. 12). Esto nos proporciona una conciencia limpia y nos ha hecho parte de un “nuevo pacto” que es mejor que el pacto con Moisés (v. 15). Al servir a Cristo, entramos en un nuevo Adviento, esperando el regreso de Jesús. Podemos confiar en que “Aparecerá por segunda vez ya no para cargar con pecado alguno, sino para traer salvación a quienes lo esperan” (v. 28).
Ora con nosotros
Señor Jesús, nos da una gran alegría saber que este mundo no es el final de la historia, que sabemos a dónde vamos: al lugar que Tú estás preparando para nosotros. ¡Gracias por Tu promesa de volver y estar con nosotros para siempre!
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By Radio Moody5
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Lee Hebreos 9:11–28
Durante la última cena, Jesús les dijo a los discípulos que se iba (Juan 13:36–37). Cuando Simón Pedro le preguntó a dónde iba el Señor, Jesús respondió indirectamente: “Adonde yo voy, no puedes seguirme ahora, pero me seguirás más tarde”. Más tarde, Jesús les dijo “me voy a prepararles un lugar” y “volveré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté” (Juan 14:3 NBV). Sus palabras les parecieron misteriosas en ese entonces y pueden seguir siendo confusas para nosotros hoy.
En Hebreos 9, aprendemos que Jesús no preparó un lugar para nosotros trabajando con ladrillos y cemento o incluso oro y perlas. Jesús pasó por “el santuario más excelente y perfecto”, que no es parte de esta creación y no fue hecho por manos humanas (v. 11). Fue a presentar la ofrenda que haría posible que lo siguiéramos. Esa ofrenda no consistía en sangre de toros y machos cabríos, sino “la sangre de Cristo, quien por medio del Espíritu eterno se ofreció sin mancha a Dios” (v. 14). Esta era la verdadera ofrenda a la que apuntaban todos los sacrificios de la ley de Moisés (vv. 18–22).
La ley mosaica ofrecía sólo un alivio temporal del pecado, proporcionando una solución externa y ceremonial (v. 13). Cuando Jesús entró en el verdadero tabernáculo, obtuvo “rescate eterno” para nosotros (v. 12). Esto nos proporciona una conciencia limpia y nos ha hecho parte de un “nuevo pacto” que es mejor que el pacto con Moisés (v. 15). Al servir a Cristo, entramos en un nuevo Adviento, esperando el regreso de Jesús. Podemos confiar en que “Aparecerá por segunda vez ya no para cargar con pecado alguno, sino para traer salvación a quienes lo esperan” (v. 28).
Ora con nosotros
Señor Jesús, nos da una gran alegría saber que este mundo no es el final de la historia, que sabemos a dónde vamos: al lugar que Tú estás preparando para nosotros. ¡Gracias por Tu promesa de volver y estar con nosotros para siempre!
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