Anteriormente disfrutar la sexualidad era un placer exclusivo de hombres. La mujer podía tener sexo solo para procrear y satisfacer al marido.
Gracias al movimiento de liberación femenina iniciado a finales del siglo XIX (que fue una especie de revolución sexual), hoy, en asuntos de sexo, hombres y mujeres tenemos los mismos derechos. Esto ha generado gran libertad, algunas sociedades incluso se han convertido casi en adoradoras del sexo.