Durante los últimos dos años, varias mujeres nicaragüenses han perdido su libertad por haber participado en las protestas multitudinarias que emergieron en 2018 contra el régimen Ortega Murillo. Su estadía en el sistema penitenciario es consecuencia de procesos judiciales irregularidades, politizados, lentos y poco transparentes. Muchas han pasado meses en la cárcel La Esperanza, ubicada en Tipitapa, a unos 32 kilómetros de la capital Managua, en las que han sido víctimas de maltratos físicos y psicológicos por parte de los funcionarios de este penal.